Abraham Solano es un pintor originario de la región triqui
síi chaanj a del estado de Oaxaca, específicamente de San Miguel Copala. Esta
situación es parte medular para describir las influencias e intereses que
residen en la obra de este joven artista ya que, en su trabajo busca negar la
función de la obra como souvenir e intenta replantear el ejercicio pictórico
como un proceso que puede vincular las vivencias de una persona a partir del
mundo real y no el de ensueño.
Estos ejercicios retratan, juegan y plantean un sinfín de
referencias entendidas como agresiones visuales: un uso de color variado en
tonalidades cromáticas, así como el manejo de colores llamativos e intensos relacionados
con un trabajo técnico relacionado con el
gesto y la inmediatez, más que un ejercicio concienzudo
decorativo o artesanal.
Y es que estos gestos pictóricos tienen mucho que ver con la
zona triqui, una zona más conocida por la existencia de organizaciones sociales
que año con año se manifiestan en la
ciudad de Oaxaca, realizando plantones y cerrando calles.
Una región conocida por esa innumerable fila de huipiles rojos marchando sobre
el pavimento exigiendo el cumplimiento de sus demandas.
Es a partir de este contexto donde solano reflexiona sobre
las posibles bifurcaciones del
arte: negar y velar esta realidad, o mostrarla crudamente
para que el espectador local o extranjero pueda observar uno de los síntomas de
lo que se conoce como el México bronco.
Abraham Solano elige lo segundo: retratar la realidad tal
cual como es, distanciarse de la imagen exótica y mágica de su identidad. Es
por esta razón que podemos ver en su obra una serie de retratos de seres,
personas, individuos que portan el emblema de la identidad triqui: el huipil,
pero cuyo rostro aparece distorsionado, haciendo muecas o desvaneciéndose.