
Ximena Chico es una artista plástica mexicana cuya práctica nace de la conexión con su intuición, los sueños y la constante transformación. Su trabajo se encuentra en permanente evolución. Ha transitado por la pintura, el mural, el arte objeto, el cine, el bordado y el uso de pigmentos naturales, entendiendo que ninguna técnica define su obra de manera permanente. Así como ella cambia con el paso del tiempo, también lo hace su lenguaje artístico.
Crear es su manera de entender la vida. Su proceso creativo comienza, muchas veces, con imágenes que aparecen en sueños, como si algo superior le revelara la idea de una nueva creación. A partir de ahí, permite que la obra se transforme libremente. Mientras pinta, siente que la mente deja de dirigir el proceso y simplemente se permite seguir la intuición. Es en ese espacio donde aparecen las imágenes que después toman forma sobre el lienzo. Crear representa un acto de confianza y entrega, donde la artista se convierte en un canal para que la pieza revele su propia forma.
Nacida en la Ciudad de México, estudió actuación en Madrid, una experiencia que fortaleció su libertad creativa y transformó profundamente su manera de entender el arte y la vida. Ha realizado tres exposiciones individuales y participado en diversas muestras colectivas. En una de sus primeras exposiciones, presentada en California, decidió dejar sus obras en distintos espacios públicos para que fueran encontradas por desconocidos, reafirmando su convicción de que el arte cobra sentido cuando genera encuentros auténticos con las personas. Posteriormente presentó Reflejo de quien soy en una antigua casa del Porfiriato, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Su investigación más reciente la ha llevado a encontrar un lenguaje con el que se identifica profundamente: la integración del bordado y los pigmentos naturales. De esa exploración nace Hadarte, un proyecto que continuará desarrollando al reconocer en esa técnica un territorio aún inagotable.
Exponer le ha enseñado que crear también es un acto de vulnerabilidad. Cada obra contiene una parte de sí y, al compartirla, acepta abrirse por completo a la mirada, la interpretación y la crítica de los demás. No conoce una forma más valiente de vivir que desnudar su interior: la expresión más auténtica de su alma frente a un mundo desconocido.